La paz de Colombia en el contexto ambiental pretende “una nueva visión para alcanzar una sociedad sostenible, unida en la diversidad, fundada no solo en el culto de los derechos humanos sino en la tolerancia mutua, en la protección del medio ambiente, en el respeto a la naturaleza, sus recursos renovables y no renovables y su biodiversidad” según el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

Y eso solo se puede alcanzar mediante profundas transformaciones de la sociedad, diría yo, con la creación de un nuevo hombre, un nuevo ser social, lo que supone una nueva educación, una nueva ética, un nuevo orden económico, social y ambiental basado en la justicia social, la responsabilidad empresarial, la participación ciudadana, la sostenibilidad, la armonía y el ordenamiento territorial, es decir, en últimas, una sociedad con equidad, profunda metamorfosis de nuestro modelo económico, una nueva gobernanza y un estado moderno, democrático y participativo.

Pero si aterrizamos un poco en lo que somos y tenemos hoy, se deben implementar desde ya acciones concretas que conlleven, como lo dice el Acuerdo Final, a la sostenibilidad socio-ambiental y la conservación de los recursos hídricos y de la biodiversidad, la compatibilidad entre vocación y uso del suelo rural, la prioridad de la producción de alimentos para el desarrollo del país que permita coexistir con otras actividades económicas promocionando su progresión hacia la autosuficiencia, las particularidades sociales, culturales y económicas de los territorios.

El conflicto armado ha dejado una gigantesca huella ecológica y ha limitado las posibilidades de desarrollo de Colombia en torno a su biodiversidad. Siembra de minas antipersonales, daños en áreas protegidas, deforestación provocada por cultivos ilícitos, minería ilegal, degradación de suelos, bosques, parques naturales, contaminación entre otros.
La paz nos plantea retos y oportunidades. El cierre de brechas sociales e institucionales. La transformación de las autoridades ambientales inoperantes, corruptas y burocratizadas. Los territorios más biodiversos del país son los de mayores penurias en materia de vivienda, saneamiento, educación y capacidad económica y grandes necesidades de fortalecimiento institucional en la gestión ambiental local.
Es el momento para valorar el potencial ambiental de esas regiones colombianas y generar dinámicas de desarrollo económico y social. Lograr más y mejores bienes y servicios con productos derivados de la biodiversidad. En el Caribe un 94% de las empresas turísticas dependen del entorno ambiental para su subsistencia.
La oportunidad para el desarrollo de Infraestructura, apertura de mercados y capitales, desarrollo agropecuario, programas de desminado, sustitución de cultivos de coca, creación de un fondo de tierras, etc. son áreas de altísima relevancia ambiental.
El reto es mejorar la competitividad de las regiones, evaluar y potenciar actividades compatibles con el uso del suelo, proyectos incluyentes y con vocación ambiental. Implementar la Reforma Rural Integral impone muchos retos frente al manejo adecuado de las zonas de reserva forestal. El desarrollo de zonas ZIDRES permitirá altas inversiones en territorios con altos índices de pobreza y escasa infraestructura.
La presencia del Estado en zonas con potencial minero para garantizar su operación legal y limpia y la extracción correcta, la distribución de beneficios y, por supuesto, con óptimas medidas de mitigación y restauración ambiental de todos los pasivos producidos. Avanzar en el ordenamiento territorial a partir de las potencialidades del territorio con claras estrategias de desarrollo socioeconómico en armonía con el medio ambiente y las tradiciones históricas y culturales.
La participación activa de las comunidades locales y sus organizaciones son indispensables para adoptar decisiones con eficacia y eficiencia en un entorno constructivo de resolución pacífica de conflictos entre los intereses diversos que surjan.
Es la oportunidad de soñar con una Colombia en paz, próspera, ecológica y sostenible!

Por Álvaro Monterroza García


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